Durante las últimas décadas el cultivo de langostinos ha supuesto la destrucción de enormes extensiones de costas tropicales, especialmente de bosques de manglar. Estos bosques son arrasados a fin de hacer sitio a piscinas para la cría de langostinos. El manglar, el equivalente a las selvas húmedas de las costas tropicales, ofrece refugio a una variedad increíble de vida animal y vegetal. Es un área crítica para la reproducción y alimentación de numerosas especies marinas. Las piscinas de langostinos los convierten en lugar altamente tóxico y estéril.
Cuando los manglares son arrasados, la costa pierde su estabilidad al
erosionarse, los arrecifes de coral sufren daños irreparables, así como
los fondos, y se destruyen hábitats de especies, desde el pequeño
molusco hasta los manatíes.
Actualmente no existen cifras precisas sobre la cantidad de bosques de
manglar y otros humedales destruidos debido a su conversión en piscinas
de langostinos, pero las estimaciones son alarmantes, señalando unas
pérdidas de hasta el 38 por ciento de bosques de manglar debido a esta
actividad.
Al desaparecer los humedales, disminuye la pesca y los ecosistemas
sufren un desequilibrio. Las piscinas de langostinos son a menudo
abandonadas tras sólo tres a diez años de actividad, devastando
ecosistemas que fueron una vez fértiles. Los dueños se desplazan hasta
nuevas zonas que sufren a su vez destrozos similares.
Los daños ecológicos no terminan con la pérdida de los manglares. Para
poder criar tantos langostinos como sea posible y mantener las
crecientes poblaciones, se añaden a este cocktail destructor grandes
cantidades de alimento artificial y aditivos químicos, como el cloro.
Se pulverizan pesticidas muy virulentos como malathión, parathión,
paraquat y otros muchos en las piscinas.
Y los productos químicos vienen acompañados de varios tipos de
antibióticos empleados para prevenir enfermedades de los langostinos.
Esta virulenta sopa resultante se vierte normalmente en las tierras
adyacentes o en los sistemas de canalización de aguas locales, donde
pueden afectar a la gente y a multitud de organismos.
El cultivo de langostinos provoca enormes problemas, incluso más
allá de los daños ambientales, ya que a menudo destruye las zonas
costeras de la que dependen comunidades enteras.