Lo mismo que hace que los artículos de plástico sean útiles para los consumidores- su durabilidad y estabilidad-, es también un problema para el medio marino. Se producen al año unas 100 millones de toneladas de plástico de las cuales alrededor del 10 por ciento terminan en el mar. El 20 por ciento del pástico que acaba en el mar proviene de barcos y plataformas, el resto de tierra.
Date una vuelta por cualquier playa del mundo y verás un gran número de
bolsas de plástico de polietileno, botellas y contenedores, bidones de
plástico, envases de poliestireno expandido, trozos de espuma de
poliuretano, trozos de redes de pesca de polipropileno y desechos de
cabos de cuerda. Junto con conos de tráfico, mecheros desechables,
neumáticos y cepillos de dientes, estos artículos tirados en tierra o
en el mar son arrastrados por el viento y la marea.
Estos desechos de gran tamaño son señales visibles de un problema mucho
mayor. No se degradan como los materiales naturales, y en el mar o en
tierra, bajo la influencia del sol, de la acción de las olas y la
abrasión mecánica se descomponen lentamente en partículas aún más
pequeñas.
Una simple botella de un litro puede romperse en suficientes fragmentos
de pequeño tamaño como para depositar uno cada milla de playa de todo
el mundo. A estas partículas más pequeñas se unen los minúsculos trozos
de plástico que son la forma en la que se comercializan muchos de los
nuevos plásticos y que pueden ser desprendidos en el mar por bidones o
incluso una carga de contenedores. Estos "rastrojos marinos" de hoy día
han sido puestos en evidencia no sólo por las enormes cantidades
recogidas de las playas por voluntarios dedicados, sino también porque
se acumulan en áreas marítimas donde los vientos y las corrientes son
flojos.
Basura acumulada en el Pacífico
El giro subtropical del Pacífico Norte cubre una extensa zona del
Pacífico donde el agua circula en el sentido de las agujas del reloj
(es decir, en sentido anticiclónico) describiendo una espiral lenta.
Los vientos son flojos. Las corrientes tienen a forzar la materia que
flota en el agua hacia la zona central de baja energía del remolino.
Existen pocas islas donde pueda recogerse el material flotante,
permaneciendo en el remolino, en unas asombrosas cantidades estimadas
en seis kilos de plásticos por cada kilo de plancton natural. El
equivalente a un área del tamaño de Texas girando lentamente como un
reloj.
Este hecho no sería un gran problema si el plástico no tuviera efectos
tan nocivos. Los trozos más grandes son tragados por las aves marinas y
otros animales al confundirlos con presas. Se han encontrado muchas
aves marinas y sus polluelos muertos con el estómago lleno de artículos
de plástico de tamaño mediano como tapones de botellas, mecheros y
globos. Una tortuga encontrada muerta en Hawai tenía unos mil trozos de
plástico en el estómago e intestinos. Se estima que más de un millón de
aves marinas y unos cien mil mamíferos marinos y tortugas mueren cada
año por ingestión de plásticos o estrangulamiento.
Los animales pueden quedar atrapados en restos de redes, incluso
pequeñas criaturas tipo medusas quedan enredadas en filamentos de
plástico, o mueren al tragar pequeñas partículas de plástico que
aparecen flotando en las aguas.
Una esponja química
Existe un problema añadido. Los plásticos pueden actuar como una
especie de “esponja química” al concentrar muchos de los contaminantes
más peligrosos encontrados en los océanos: los contaminantes orgánicos
persistentes (COPs). Así, cualquier animal que ingiera estos trozos de
basura plástica está también ingiriendo con ellos contaminantes
altamente tóxicos.
El remolino del Pacífico Norte es uno de los cinco remolinos oceánicos
más grandes por lo que es posible que este problema esté presente
también en otros océanos. El mar de los Sargazos es un área del
Atlántico de circulación lenta bien conocida, y allí también se han
descubierto altas concentraciones de partículas de plástico presentes
en el agua.
Los autoestopistas del océano
Los plásticos flotantes pueden también afectar de forma sorprendente a
los ecosistemas marinos al crear una superficie idónea donde pueden
vivir los organismos. Estas plantas y animales pueden ser transportados
en los plásticos hasta zonas alejadas de sus hábitats naturales. Estos
“autoestopistas del océano” pueden así invadir nuevos hábitats y
convertirse en especies invasoras.
Claro que no todos los plásticos flotan. De hecho alrededor del 70% de
los plásticos desechados se hunden en el mar. En el Mar del Norte,
científicos holandeses han detectado alrededor de 110 piezas de basura
por cada kilómetro cuadrado de fondo marino, una increíble cantidad de
600.000 toneladas sólo en esta zona. Estos plásticos pueden cubrir el
fondo marino y matar animales y plantas que se encuentran allí.
El problema de la basura plástica debe ser atajado urgentemente. A
nivel personal podemos contribuir a su solución evitando la compra de
productos con plásticos y preocupándonos de que nuestra basura sea
gestionada de forma responsable. Habrá que conseguir a su vez que
armadores y operadores, plataformas de altamar y barcos de pesca sean
conscientes de las consecuencias de un desecho irresponsable de
artículos de plástico en el mar.