El Prestige poco antes de hundirse frente de las costas gallegas
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Para el año 2050 se estima que la población mundial habrá aumentado hasta unos 12.000 millones. De ellos, alrededor del 60 por ciento vivirán en una franja de 60 km de distancia al mar. Las actividades agrícolas e industriales requeridas para alimentar a esta población incrementarán las grandes presiones ya existentes sobre las áreas fértiles costeras.
La contaminación y el mar – como agua y aceite
Un importante impacto de la actividad humana en los océanos es la
contaminación marina. No se trata sólo de vertidos de crudo provocados
por accidentes y por los productos que ocasiona la limpieza de tanques.
A pesar de la gran visibilidad de los vertidos de crudo en medio
marino, las cantidades implicadas son pequeñas comparadas con las de
los contaminantes procedentes de otras fuentes.
(como las aguas residuales domésticas, vertidos industriales,
aguas superficiales urbanas e industriales, accidentes, vertidos,
explosiones, extracción de petróleo, minería, nutrientes y pesticidas
agrícolas, fuentes de calor residual y vertidos radiactivos).
La contaminación de origen terrestre supone alrededor del 44 por ciento
de los contaminantes que llegan al mar y las fuentes atmosféricas
suponen un 33 por ciento. Por otra parte, el transporte marítimo aporta
sólo alrededor del 12 por ciento.
El amanecer de los muertos: las escalofriantes zonas muertas
El impacto de la contaminación es muy diferente. La contaminación por
nutrientes procedentes de los vertidos residuales y de la agricultura
pueden producir una aparición masiva inadvertida y posiblemente
peligrosa de algas en las aguas costeras. Al morir y descomponerse,
estas algas utilizan el oxígeno del agua, lo que, en algunas zonas, ha
provocado unas ‘escalofriantes zonas muertas' (CDZ), donde el oxígeno
disuelto en el agua disminuye a unos niveles incapaces de sostener la
vida marina. La contaminación industrial contribuye también a la
creación de estas zonas muertas al verter sustancias que, al
degradarse, utilizan también el oxígeno disuelto.
Contaminación radiactiva
La contaminación radiactiva en el mar tiene varias fuentes.
Históricamente han contribuido a ella las pruebas nucleares y también
el funcionamiento normal de las centrales nucleares, pero con
diferencia las fuentes más importantes de elementos radiactivos
vertidos al mar creados por el hombre son las plantas nucleares de
reprocesado de combustible como la de La Hague en Francia y la de
Sellafield en el Reino Unido. Sus vertidos han provocado la
contaminación de todos los recursos marinos vivos en un área extensa;
pudiéndose encontrar trazas de elementos radiactivos en algas de
lugares tan lejanos como la costa oeste de Groenlandia y a lo largo de
la costa de Noruega
Metales pesados
En los vertidos de productos químicos en los océanos pueden detectarse
enormes cantidades de diferentes sustancias. Se estima que actualmente
se emplean unos 63.000 productos químicos diferentes, de los cuales
unos 3.000 suponen el 90 por ciento de la producción total en peso.
Cada año salen al mercado más de 1000 nuevos productos químicos
sintéticos.
De todos estos productos químicos, unos 4.500 pueden clasificarse como
peligrosos, son los conocidos como contaminantes orgánicos persistentes
(COPs), resistentes a la desintegración que se acumulan en los tejidos
de organismos vivos (toda la fauna y flora marinas), alterando el
funcionamiento del sistema hormonal que, a su vez, provoca problemas
reproductores, induce el cáncer, afecta al sistema inmunológico e
interfiere con el desarrollo normal en la infancia.
Los COPs pueden también viajar grandes distancias en la atmósfera y
depositarse en regiones frías. Por ello, las poblaciones de esquimales
que viven en el Ártico, una gran distancia de las fuentes de estos
contaminantes, son uno de los pueblos más contaminados del planeta, ya
que dependen de alimentos marinos ricos en grasas como el pescado y las
focas. Los COPs incluyen las dioxinas y PCBs (bifenilos policrolados)
altamente tóxicos además de varios pesticidas como el DDT y la
dieldrina. Se piensa que estos productos químicos son también los
responsables de las dificultades de reproducción que experimentan
algunos osos polares.
¿Tienes pescado a los COPS de cena?
Asusta pensarlo, pero el pescado consumido por las personas en regiones
templadas también está afectado por los COPs. El pescado azul tiende a
acumular COPs en su cuerpo y puede pasar a los consumidores. Cuando el
pescado azul es convertido en alimento para peces y aceite de pescado y
es usado después para alimentar a otros animales, ésta puede
llegar a ser una vía de ingestión para los humanos. En algunos países
el pescado y marisco de piscifactoría, los products de la leche, las
aves y los cerdos son alimentados con harina de pescado, por lo que la
carne y los productos lácteos además del pescado natural y el
procedente de piscifactorías pueden actuar como nuevas fuentes de
ingestión de estos productos químicos.
Minería
La contaminación por metales procedentes de la minería y las industrias
de producción y procesado puede dañar la salud de la flora y la fauna
marinas y hacer que parte del pescado no sea adecuado para el consumo
humano. La contribución a este problema de las actividades humanas es
muy grave: la cantidad de mercurio vertido al medio ambiente por
diversas industrias es unas cuatro veces superior a la cantidad emitida
por procesos naturales como la descomposición natural y la erosión.
Petróleo
La forma más visible y familiar de contaminación son los vertidos de
petróleo provocados por accidentes de petroleros y la limpieza de
tanques en el mar, que, además de graves impactos a corto plazo,
provocan serios problemas a largo plazo. En el caso del Exxon Valdez
que encalló en Alaska en 1989, los impactos biológicos del vertido de
crudo son aún evidentes 15 años después del desastre. El Prestige, que
se hundió frente a las costas españolas a finales de 2002, provocó
enormes pérdidas económicas al contaminar más de 100 playas de España y
Francia y provocar graves pérdidas a la industria pesquera local.