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Procesamiento de un gran ejemplar de rabil. Los expertos nos advierten 
que los rabiles y los atunes patudos pueden extinguirse comercialmente 
en 3 ó 5 años si la pesca no se controla.

Procesamiento de un gran ejemplar de rabil. Los expertos nos advierten que los rabiles y los atunes patudos pueden extinguirse comercialmente en 3 ó 5 años si la pesca no se controla.

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Entre los científicos hay consenso sobre el hecho de que la principal amenaza para los ecosistemas marinos es la sobrepesca. Nuestro voraz apetito está superando los límites ecológicos de los océanos, y tiene un impacto devastador sobre los ecosistemas marinos. Los científicos advierten que la sobrepesca produce profundos cambios en nuestros océanos, quizá modificándolos para siempre. Y todo esto sin mencionar nuestra alimentación que en el futuro incluirán pescado y patatas fritas sólo como un manjar raro y caro.

Los peces ya no tienen dónde esconderse


Bastante a menudo la industria pesquera consigue acceso a los bancos de pesca antes de haber evaluado el impacto de la pesca, y la regulación de la industria pesquera es, en cualquier caso muy inadecuada.

La realidad de la pesca moderna es que la industria está dominada por pesqueros cuya capacidad de extracción sobrepasa en gran medida la capacidad de la naturaleza para recuperar sus bancos de pesca. Hoy en día existen embarcaciones gigantescas equipadas con sónares de última generación que son capaces de detectar con gran precisión y rapidez los bancos de pesca. Estos barcos son como enormes factorías flotantes, con plantas de procesado y envasado de pescado, enormes sistemas frigoríficos y potentes motores que pueden arrastrar grandes aparejos por el océano. Sencillamente, los peces no tienen ya dónde esconderse.

Un chequeo a la salud de los océanos


Las poblaciones de los principales depredadores, un indicador clave de la salud de ecosistema, están desapareciendo a una velocidad de vértigo:la abundancia de los peces de gran tamaño que tanto nos gusta comer, como el atún, el pez espada o emperador, el pez aguja, el bacalao, el fletán, el pez raya o la platija – han descendido un 90% desde los comienzos de la pesca industrial a gran escala en los años 50. La disminución de estas especies de depredadores importantes puede provocar un cambios importantes en los ecosistemas de los océanos, donde las especies comercialmente valiosas son sustituidas por peces más pequeños que se alimentan de plancton.

Estos cambios ponen en peligro la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas marinos, amenazando a su vez los medios de vida de aquellos que dependen de los océanos, tanto ahora como en el futuro.

 

El colapso de las pesquerías


La sobreexplotación y la pésima gestión de las pesquerías han conducido ya al espectacular colapso de algunas de ellas. La pesquería de bacalao de Terranova en Canadá sufrió un colapso en 1992, lo que provocó la pérdida de unos 40.000 puestos de trabajo en la industria. Los bancos bacaladeros del Mar del Norte y del Báltico están experimentando ya las mismas consecuencias y se encuentran cerca del colapso total.

En lugar de intentar encontrar una solución a largo plazo para esos problemas, la industria pesquera dirige sus ojos hacia el Pacífico, y ésta no debería ser la respuesta. Los políticos continúan ignorando las recomendaciones de los científicos sobre la forma de gestionar las pesquerías y la necesidad de pescar estos ejemplares de una manera sostenible.