El océano y sus habitantes se verán afectados de manera irreversible por el calentamiento global y el cambio climático. Los científicos afirman que el calentamiento global, al aumentar la temperatura del agua marina, elevará el nivel del mar y cambiará las corrientes de los océanos.
Las corrientes oceánicas
El agua de nuestros océanos está en continuo movimiento – arrastrada
por mareas, empujada por las olas, y circulando lentamente alrededor
del globo por la fuerza de la Gran Corriente Oceánica (denominada
también circulación termoalina). La corriente se mueve gracias a la
diferencia de temperatura y salinidad del agua, y una de las más
conocidas, la Corriente del Golfo, es la que asegura a Europa un clima
relativamente cálido.
Además de asegurar a Europa un clima cálido y jugar un papel importante
en el clima global, la Corriente oceánica contribuye a la acumulación
de nutrientes en el fondo marino, aumentando la absorción oceánica de
dióxido de carbono.
Qué puede acabar realmente mal
Según nos advierten recientes estudios, se aprecia ya una disminución
de la circulación oceánica en la cresta de las profundidades oceánicas
de Escocia-Groenlandia. Y mientras que la circulación oceánica parece
haber funcionado de manera relativamente estable durante los últimos
mil años, un estudio de los núcleos de hielo de Groenlandia y la
Antártica indica que no ha sido siempre así. En un pasado más lejano,
los cambios en la circulación de la Corriente se asociaron a un cambio
abrupto del clima.
En resumen, la descenso de la salinidad de los océanos debido al
debilitamiento de la capa de hielo del Ártico (como la placa de hielo
de Groenlandia) y/o al aumento de las precipitaciones, podría terminar,
ralentizar o cambiar el rumbo de la corriente. Este tipo de cambios
dramáticos traería consigo graves cambios en la agricultura y el clima
e incidiría en otras corrientes marinas y en las temperaturas del
planeta.
Subida del nivel del mar
Se espera una subida global media del nivel del mar de 9-88 cm
(3,5–34,6 pulgadas) durante los próximos siglos como consecuencia de
los gases de efecto invernadero emitidos hasta la fecha y de las
emisiones futuras. Este hecho provocará también el debilitamiento de la
capa de hielo y la expansión térmica de los océanos (el agua se expande
al calentarse).
Incluso una subida del nivel del mar comparativamente modesta provocará
grandes catástrofes. Inundaciones en las costas y tormentas
torrenciales, erosión de playas, contaminación con agua salada de
fuentes de agua dulce, áreas de agricultura, inundación de marismas y
humedales y de islas, así como el aumento de la salinidad de estuarios
son ya realidades provocadas por una pequeña subida del nivel del mar.
Algunas ciudades y pueblos costeros al nivel del mar se verán también
afectados. Recursos críticos para poblaciones isleñas y costeras, como
las playas, las fuentes de agua dulce, pesquerías, arrecifes de coral y
atolones, así como hábitats de vida salvaje se encuentran también en
peligro.
La placa de hielo del Antártico Occidental
Hace sólo cuatro años era un hecho comúnmente aceptado la estabilidad
de la placa de hielo del Antártico occidental, pero su inesperado
calentamiento que hace que se esté fundiendo está haciendo que los
científicos se planteen de nuevo esta estabilidad.
En 2002, la capa de hielo de 500.000 millones de toneladas Larson B,
que cubría un área el doble de grande que la ciudad de Londres, se
desintegró en menos de un mes. Sus aguas no afectaron al nivel del mar
en forma de subida, ya que se encontraba ya flotando en el mar, pero
fue un recordatorio dramático de los efectos del calentamiento en la
zona.
Más tarde, en 2005, el British Antarctic Survey publicó los resultados
de sus investigaciones donde se recoge que el 87 por ciento de los
glaciares de la Península Antártica ha sufrido un retroceso durante los
últimos 50 años. En los cinco últimos años, estos glaciares han perdido
una media de 50 metros por año.
Potencialmente el hielo de la Antártida Occidental podría hacer subir
el nivel del mar unos seis metros. Aún cuando las posibilidades de que
esto ocurra son consideradas bajas en el tercer informe de valoración
del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), recientes
investigaciones indican nueva evidencia de rotura masiva de la placa de
hielo.
La placa total de hielo de la Antártida tiene suficiente agua para elevar hasta 62 metros los niveles del mar.
Los glaciares de Groenlandia
En julio de 2005, los científicos a bordo del barco de Greenpeace
Arctic Sunrise realizaron un increíble descubrimiento: la evidencia de
que los glaciares de Groenlandia se están derritiendo a un ritmo sin
precedentes. Un ejemplo más de que el cambio climático no es algo del
futuro, sino que se encuentra ya a las puertas del presente, y si vives
en una ciudad costera, no estamos hablando de una simple figura
retórica.
Diversas investigaciones indican que el Glaciar Kangerdlugssuaq de la
costa este de Groenlandia podría ser uno de los glaciares de movimiento
más rápido del mundo con una velocidad de casi 14 kilómetros por año.
Se realizaron mediciones utilizando métodos de iposicionamiento por GPS
de alta precisión. A su vez, el glaciar ha sufrido una disminución
inesperada de unos cinco kilómetros desde 2001 tras haber mantenido una
posición estable durante los últimos 40 años.
La masiva placa de hielo de Groenlandia comprende más del seis por
ciento de las fuentes de agua dulce del mundo, y se está derritiendo a
una velocidad mucho mayor de la esperada. Si Groenlandia se fundiera
completamente, provocaría una subida del nivel del mar en el Planeta de
casi 6 metros. Incluso subidas de cuatro o cinco pies del nivel del mar
podrían hacer que ciudades como Nueva York, Amsterdam, Venecia y
Bangladesh sufrieran inundaciones en sus áreas más bajas.
La alarmante disminución del Glaciar Kangerdlugssuaq es un indicio de
que toda la capa de hielo de Groenlandia puede estar derritiéndose a un
ritmo mayor del que se pensaba. Todos los científicos que prevén un
calentamiento del planeta habían estimado unas velocidades de deshielo
mucho menores. Esta nueva evidencia sugiere que la amenaza del
calentamiento global es mucho mayor y más urgente de lo que se pensaba.
Pérdida de hábitats
Las subidas de la temperatura están afectando a toda la red alimentaria
marina. Por ejemplo, el fitoplancton, que sirve de alimento a pequeños
crustáceos como el krill, crece bajo la placa de hielo. Una reducción
del hielo marino implica una reducción del krill – y el krill sirve de
alimento a especies de ballenas, como las ballenas de Groenlandia.
Las ballenas y los delfines varan cuando suben las temperaturas. Las
ballenas de Groenlandia pueden también perder sus zonas de alimentación
en el Océano Austral alrededor de la Antártica debido al debilitamiento
y al colapso de las placas de hielo.
Especies enteras de animales marinos y peces se encuentran en riesgo
debido a la subida de las temperaturas, ya que no podrán sobrevivir en
aguas más cálidas. Algunas poblaciones de pingüinos, por ejemplo, han
disminuido un 33 por ciento en la Antártida debido al deterioro de su
hábitat.
También se vincula a la subida de las temperaturas de los océanos el aumento de enfermedades entre los animales marinos.